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sal¿Qué motivo puede tener alguien para levantarse una mañana y escribir en una red social llamada Facebook “He puesto sal en el café”? Es indudable que existe un deseo de compartir la cautivadora experiencia con los amigos, conocidos y demás agregados circunstanciales de la lista de contactos, además de cierto interés por ocupar el tiempo libre y matar el aburrimiento pero, ¿hay algo más?

No hay duda de que estamos viviendo un auge de las redes sociales sin precedentes. Tanto la cantidad y variedad de las mismas como el ingente número de usuarios que acumulan algunas de ellas evidencia la popularización de un fenómeno en el que bien podría parecer que todo empieza y todo acaba. Recientes titulares como los que siguen ilustran la magnitud y repercusión mediática de estos hechos:

  • Facebook, más de 800 millones de usuarios y 130 amigos de media
  • El 75% de usuarios proceden de fuera de EE.UU., donde nació el servicio
  • Los usuarios prefieren quedarse en casa actualizando Facebook a quedar con los amigos.
  • Alrededor de 350 millones de usuarios tienen acceso a través de móviles
  • Cada día se generan 2.000 millones de 'Me gusta' y comentarios.

De ser ciertas estas afirmaciones (seguramente lo son) casi podríamos asegurar que la red social de Zuckerberg se ha convertido en una necesidad tan básica para los humanos como el aire o el agua.

Al mismo tiempo y a causa de la enorme competitividad del sector, estamos asistiendo a constantes cambios en la utilización de estos soportes y a la aparición de nuevas funcionalidades. Hace pocos días los sorprendidos usuarios de Facebook se despertaron con nuevas alteraciones en el funcionamiento y la privacidad de sus datos algo que fue causa de malestar generalizado entre los afectados y que incluso ha llegado a tener una campaña publicitaria en contra que puso contra las cuerdas a los administradores del gigante estadounidense.

¿Qué haces en Facebook?

No se puede obviar el tremendo poder que algunas redes encierran para comunicar y unir a personas con intereses comunes, ejemplos claros con consecuencias importantes los tenemos actualmente en la Primavera Árabe. Pero también es indudable que detrás del uso de las redes sociales y  más allá del hecho superficial de compartir información, se esconde el deseo de proyectar una personalidad, una identidad e incluso una marca. No hay más que observar la red social más usada para constatar qué tipo de comentarios e informaciones son publicadas por  los usuarios para entrever el deseo de reconocimiento y aprobación por parte de los demás.

Es fácilmente observable el predominio de los mensajes absolutamente banales y estúpidos del tipo de “hoy comemos lasaña” “se me ha quemado la tortilla” o como encabezaba este artículo “he puesto sal en mi café”, mensajes que además ejercen una sorprendente influencia y generan gran atención. Es evidente que redes como Facebook funcionan más como un escaparate de la personalidad que como un lugar para compartir información. El timeline, las fotografías que ilustran cada uno de nuestros movimientos, que cuentan a los demás lo bien que me lo paso o todos los sitios que visito en vacaciones, son la confirmación de  que muchas personas usan las redes como un ejercicio de patético egocentrismo que a menudo conduce a un monólogo en el que cada uno trata de proyectar una imagen poco real sobre los demás interaccionando bastante poco con otras comunicaciones. Podríamos decir por tanto que la red social es un soporte de comunicación y un teatro o escenario mediático a partes iguales. No todos consiguen ser tan populares o el reconocimiento que desearían. Muchos se preguntan algo afligidos y decepcionados por qué sus mensajes no son tan seguidos o comentados por los demás. ¿Quién no conoce a alguien que dice ser un menospreciado virtual o un incomprendido más de la red social?

Los gigantes siguen creciendo y ejerciendo su poder monopolizador. Con el tiempo las grandes redes se han ido haciendo más grandes y las pequeñas cada vez menores. Todos o casi todos quieren estar y participar de esta orgía virtual de la comunicación y el entretenimiento. Las redes parecen poder satisfacer todas las necesidades de expresión y comunicación de las personas aunque hay algo en lo que por su propia naturaleza masiva y estandarizada no pueden competir.

¿Se puede tener una marca personal en Facebook?

Crear un perfil en Facebook o Linkedin es una forma sencilla de tener nuestra información en la red. Es gratuito, no requiere apenas conocimientos. Por el contrario tiene varias desventajas o inconvenientes en cuanto al marketing personal:

  • La privacidad de nuestros datos y comunicaciones es difícil de controlar.
  • La seguridad de los mismos está en manos de la red social.
  • Nuestra historia virtual está en la red y pertenece a la misma. Si ésta desaparece con ella desaparecemos nosotros (virtualmente se entiende). No hay por qué pensar que Facebook va a existir siempre.
  • La estructura del sitio condiciona la forma y presentación de los contenidos.
  • La identidad visual y corporativa del sitio anula cualquier posibilidad de crear nuestra propia imagen de marca. Los colores, logotipos y disposición de los mismos no son los nuestros sino los de la red social.

Utilizar redes como Facebook para crear y gestionar nuestra marca personal es por tanto difícil y algo pretencioso para la mayoría de las personas que apenas son capaces de planificar una mínima estrategia. Algunos caen en un paranoico frenesí de conseguir adeptos agregando más y más amigos en la red sin preguntarse: ¿Sirve de algo tener una lista de 4000 amigos?, ¿Se puede gestionar adecuadamente la comunicación para públicos dispares y sin intereses comunes? ¿Existe un feedback proporcional a tan ingente cantidad de contactos?

Algunas personas con el fin de evitar estas limitaciones cuentan con su propia web personal, un lugar con dominio y dirección únicos que definen un espacio propio en Internet. De esta forma se pueden disponer los contenidos de una forma absolutamente personalizada. El único límite es la imaginación. Una web personal puede contener una descripción detallada de nuestra carrera profesional o trabajos destacados en cualquier tipo de formato multimedia.

El usuario es el editor del sitio y quien decide el grado de privacidad o el tiempo de permanencia de los contenidos. Aunque sin duda la ventaja más importante es la absoluta personalización que podemos hacer de nuestro propio sitio web que se convierte de esta manera en nuestra tarjeta de presentación y en el vehículo para generar un posicionamiento y una marca personal.

Son dos conceptos diferentes condenados a entenderse y coexistir. De hecho es común encontrar la web personal embebida en un perfil de redes sociales como Linkedin o BranchOut. Los usuarios que pretendan diferenciarse, crear y cuidar su reputación e imagen de marca encontrarán en la web personal el aliado perfecto para sus propósitos. Aquellos más interesados en la búsqueda de reconocimiento y proyección pública de sus vidas aumentarán su presencia en las redes sociales aunque a menudo la mala gestión de su reputación on line termine siendo perjudicial para  propósitos como el personal branding y la gestión de la marca personal.

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