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facebook censura

 

Un estudio realizado por la Universidad Carnegie Mellon en colaboración con Facebook, encontró que la autocensura en la red social es mucho mayor de lo que se pensaba. Los investigadores cuantificaron por primera vez la importancia del autocontrol y el arrepentimiento, ese acto por el cual decidimos contar hasta 10 y borrar lo que habíamos escrito antes de lanzar una publicación.

El estudio analizó el comportamiento de 3,9 millones de usuarios angloparlantes de USA y Reino Unido durante 17 días, encontrando que el 71% de ellos censuraron contenido al menos una vez, con el 51% de los usuarios censurando al menos una publicación y el 44% de los usuarios censurando al menos un comentario. El estudio también revela que los participantes en el análisis, tendían a censurar su propias actualizaciones de estado (34%) y publicaciones grupales (38%) en mayor medida que las publicaciones en el timeline de sus amigos (25%) y anuncios de eventos (25%).

El estudio arroja conclusiones variadas en función de la segmentación por edad y sexo. Aunque en términos generales los posts (33%) sufrieron una tasa mayor de censura que los comentarios (13%), los investigadores encontraron que los hombres tendían más al arrepentimiento (un 26% más) a la hora de publicar mensajes que las mujeres -demostrando una de las hipótesis previas del estudio-, sobre todo cuando tenían una mayor proporción de amigos (audiencia masculina) entre sus contactos. Esta cualidad no fue detectada cuando se analizaron los comentarios. Cuando se introdujo en el análisis la variable tiempo en la red social, resultó que los más veteranos censuraban menos sus posts (un 15% menos) que los usuarios noveles. Curiosamente una conducta opuesta fue observada para los comentarios. Por otra parte los usuarios que tenían una mayor variedad de edad y afinidades políticas entre sus contactos tendieron a censurar menos sus propios posts.

Para analizar el fenómeno de la autocensura el equipo de Carnegie Mellon utilizó el concepto "last-minute-censorship" que considera una publicación autocensurada cuando un texto de más de cinco caracteres no es publicado en un plazo de diez minutos.

¿Qué nos empuja a la autocensura?
Las redes sociales son la nueva ágora de nuestro tiempo, el lugar donde acudimos a escuchar las tendencias, los pensamientos dominantes y expresar los nuestros propios, un lugar donde socializar, informarse, conocer y reafirmar nuestros pensamientos y opiniones.

Pero las redes como Facebook también son una poderosa herramienta para mostrar crear y proyectar una imagen de nosotros que no siempre se acerca a la realidad, sino a la imagen que nos gustaría que los demás vieran en nosotros mismos. Y aquí es donde surge el peligro: sin apenas darnos cuenta podemos reajustar constantemente nuestros mensajes y opiniones para hacerlos coincidir con esa imagen artificiosa y para no generar conflictos con el grupo en el que queremos integrarnos. ¿Qué pensarán los demás si de verdad digo lo que pienso? ¿Se ajusta mi pensamiento y opinión a la imagen que quiero proyectar y proyecto ante los demás?

La principal conclusión del estudio en este aspecto es que las personas censuran más cuando su audiencia es difícil de definir que cuando es más estrecha.

Por ejemplo, las publicaciones son, como es de esperar, más censuradas que los comentarios. Al fin y al cabo las publicaciones crean nuevos hilos de discusión más ricos en contenidos sobre los que el usuario reclama la propiedad. También tienden a requerir más energía y pensamiento para crear y requieren más esfuerzo para compartir, ya que los usuarios tienen que hacer click explícitamente sobre el botón de enviar. Pero este no es el único factor: Por ejemplo, publicaciones dirigidas solamente hacia los miembros de un grupo específico fueron mucho más censuradas que publicaciones sobre eventos y en los timelines de los amigos. El estudio corrobora que los usuarios que usaron más herramientas de selección de audiencia censuraron más publicaciones y comentarios que el resto de los usuarios.

También por este motivo los usuarios tienden a censurar más los posts -que pueden ser vistos por audiencias más amplias- que los comentarios que al fin y al cabo se circunscriben a un tema concreto ya definido por otro usuario. El peligro es por tanto la tendencia a dejar de lado otros temas y opiniones que pueden no ser coincidentes con los de nuestro entorno.

Efectivamente, de la misma manera que autocensuramos nuestra opinión podemos tender a encerrarnos cada vez más en los temas que demanda nuestra audiencia. Nuestra esfera pública se hace cada vez más pequeña y caemos en una autocensura aún mayor conocida como la espiral de silencio, una forma de control social en la que los individuos adaptan su comportamiento a las actitudes predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no.

Una sola red pero muchos públicos distintos
Todo cabe dentro de Facebook; la red social creada por Zuckerberg está concebida como un lugar común en el que todos los grupos sociales comparten y consumen información. De esta manera nuestras publicaciones son habitualmente recibidas por familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc, por igual.

El control de la privacidad es otro importante factor de la autocensura porque muchos usuarios no se ven capaces de controlar quién va a ser el destinatario de sus mensajes. Ya sea por vaguería o por desconocimiento de los entresijos de la red, muchas publicaciones terminan generando problemas cuando llegan a oídos de alguien; ¿Lo verán mis amigos o los amigos de mis amigos? Y preguntas de esta índole pueden llegar a impulsar si no encuentran respuesta distintas formas de autocensura.

Entender este comportamiento es muy importante para Facebook ya que su negocio se basa precisamente en explotar las interacciones entre usuarios y la información que comparten. Los temas e intereses compartidos por las personas en las redes generan enormes cantidades de datos que son vendidas a los anunciantes para que puedan segmentar la publicidad. La autocensura que tiene efectos negativos en la red debería ser reducida y para eso hay que comprender qué nos empuja a borrar el mensaje que hemos escrito.

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